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La comida funciona como punto de encuentro de amistades, diálogos y pasiones. Reúne aspectos de la vida cotidiana como lo hace la cultura pop. Aquí le damos espacio.

jueves, 26 de abril de 2012

Hacer lo propio

Según un artículo del diario Clarín del martes 24 de abril (http://www.clarin.com/sociedad/tendencias/jovenes-viven-solos-mal-alimentados_0_68813) el 75% de los universitarios y profesionales en sus primeros años de independencia consumen menos calorías que las recomendadas. En ambos casos la soledad parece alejarlos de la cocina y llevarlos a tener dietas insalubres.
Ese dato, de por sí, alarma.

Claramente, el tema de "independizarse" de la casa paterna suele terminar derivando en el replanteamiento de la cuestión alimenticia de las personas. Comienza a evidenciarse cuál es el vínculo que hemos tenido con nuestra alimentación o, bien, comenzamos a cambiarlo (para bien o para mal).

Según Beatriz Ravanelli, de la Asociación Argentina de Nutricionistas: "Registramos baja ingesta de frutas y hortalizas, cereales integrales, lácteos, carnes magras y pescados. Y un alto consumo de snacks, golosinas (y las bebidas suelen ser) infusiones con azúcar, gaseosas o mucho alcohol".

¿Qué es lo que quiero destacar de esta observación científica? No es malo que haya ingesta de golosinas, snacks, alcohol o gaseosas. El problema es el hábito y las cantidades. Se debe tener en cuenta que en muchísimos casos, sobretodo en las mujeres, cuando se van a vivir solas, lo único que comen son frutas y verduras y eso es insuficiente. Claro, porque llegan tarde, no tienen tiempo y la prioridad nunca es hacerse el tiempo para cocinar. Sino, llegar a ser grandes profesionales o distraerse en las salidas. Armarse una ensalada con lo primero que tienen en la heladera es más práctico que programarse una tarde para cocinar cosas cuya elaboración no toma tanto tiempo pero sí dedicación.
La nota, a pesar de tener una muy buen intención, no destaca que lo importante de la alimentación es prepararse los platos propios, hacerse el tiempo para ello. Se queda en la denuncia no más de la situación.
La historia de las personas también incluye cómo ha sido su relación con la comida. Si veían a sus padres cocinar, si les hacían probar cosas nuevas o todos los días había un menú fijo. Si le compraban la comida preparada la mayoría de las veces, si solían jugar a que cocinaban con la abuela. Todas esas cosas hacen que nuestra relación con la comida se vaya configurando y es desde ahí que hay que analizar porqué los jóvenes de hoy tienen los desórdenes alimenticios que tienen. Cuando hablamos de desorden nos referimos no a patologías psicológicas únicamente como la anorexia o bulimia, sino a que realmente no hay orden en su alimentación ya que ni siquiera hay productos alimenticios en sus alacenas distintos a los "listos para consumir".
Cuando finalmente nos independizamos del nido paterno/materno es un contexto propicio para reapropiarnos del momento alimenticio. Si es tan importante tener tiempo para triunfar en lo profesional y en lo académico, más importante aún es relacionarnos con lo que nos alimenta y nos permite existir de una forma sana y particular. Necesitamos pensar el caso por caso de quienes "no comen verduras y comen demasiados snacks". Probablemente no tuvieron la educación alimenticia necesaria. No se trata solamente de cuántas verduras se comen por día, sino que es parte de un conjunto alimentario y de una inclusión de esa dieta en una rutina que no debe anteponerse a nuestra salud.

Por suerte, las nuevas y crecientes tendencias alimenticias de lo natural y orgánico suelen ser emprendimientos de la juventud y no tanto de gente mayor (aunque también forman parte de este grupo) y desde ahí podemos esperar un cambio. Aunque los departamentos de estudiantes no tengan mesada, siempre podemos encontrar el desvío y hacer lo propio con nuestra alimentación.

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